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EL SACRIFICIO PERSONAL Y COLECTIVO PARA TRANSFORMAR LA REALIDAD
La noviolencia no es la fuerza de los fuertes sino la fuerza de la debilidad. La humanidad ha demostrado y sigue demostrando que la dignidad de toda persona es sagrada. Esa evidencia podemos constatarla gracias a la entrega y el sacrificio de los empobrecidos y humillados del mundo que siguen aportando lo más importante para que pueda existir un mundo más justo: Su entrega y amor.
Hemos seleccionado 4 historias recientes que nos dan claves impagables para entender la importancia del sacrificio.
1:MARCHA DE LAS TRES MIL MUJERES DE COLOMBIA
FUENTE: El País, 14 de diciembre de 2003 Por Pilar Lozano
Tres mil mujeres de toda Colombia recorrieron distancias de hasta 1.200 kilómetros hasta llegar al Putumayo, al sur del país, en una gigantesca manifestación femenina contra la guerra. Es una movilización que se repite desde hace seis años con un mismo mensaje: "ni un hijo , ni un peso , ni un día más para la guerra". Los últimos martes de mes
Marta, una mujer de 50 años y madre de seis hijos, baja de su casa colgada de las lomas que rodean Medellín a cumplir una cita en el parque Berrío, en el centro de la ciudad, con mujeres como ella que ese día visten de luto.
Marta forma parte de Mujeres de Negro, un movimiento internacional que nación en Israel y encontró campo abonado en Colombia. Son mujeres que han perdido hijos, maridos, familiares en la guerra. "Las mujeres no parimos hijos para la guerra, sino para la paz", es su consigna.
"De una u otra manera nos respaldamos porque el dolor nos ha golpeado duro en Medellín", afirma esta líder comunitaria. Esta ciudad, la segunda del país, ha vivido los últimos veinte años una cadena de guerras, enlazadas una tras otra, desde que anidó allí el narcotráfico. La última, la de los paramilitares, se anunció cuando apareció en un sitio público la cabeza de una de sus primeras víctimas. Querían aterrorizar y mostrar que su guerra contra la guerrilla —FARL y ELN— instalada en los barrios pupulares, como un ejército invarsor, iba en serio.
"En la comunidad organizamos plantones cada vez que matan un muchacho", cuenta Marta, y habla del dolor de verlos caer "cosidos a bala" y de los afanes de las madres porque muchas veces les han prohibido realizar el velatorio en las casas.
Los abusos de los armados contra las mujeres han sido de todo tipo: desde prohibirles el uso de faldas altas y blusas cortas hasta la violación y la persecución a las líderes. "Aquí sufirmos calladamente esperando a ver cuándo el Gobierno recompensa a las madres que han visto caer a sus esposos e hijos; esto ha sido muy injusto", opina Marta ahora que en su ciudad empezó la desmovilización de los paramilitares. "Los hombres hacen la guerra; nosotras, a pesar de que no perdonamos ni olvidamos, pensamos que con la concertación y el diálogo es posible que acabemos con tanta sangre".
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